EMAV Can Batlló

Jueves, 9 Enero 2020

hicarquitectura.com / Josep M. Julià i Capdevila

Desde su nacimiento, en 1878, en los terrenos de Can Mangala anexas a la antigua «Carretera del Llobregat», el recinto de Can Batlló y el Barrio de la Bordeta han evolucionado en paralelo al crecimiento y transformación de la ciudad de Barcelona. Después de una larga evolución, que incluye desde la construcción de los sucesivos bloques con el auge de la actividad industrial, hasta la reciente autogestión de parte del recinto, la voluntad de abrir Can Batlló en la Gran Vía y el barrio que la rodea ha sido una realidad urgente y prioritaria.

El proyecto desarrolla el programa de la escuela municipal de Medios Audiovisuales en la nave número 7, convirtiéndose en la piedra angular del proceso de apertura definitivo de todo el recinto de Can Batlló en la ciudad. El acceso al edificio se sitúa en la parte posterior del mismo, poniendo en valor el conjunto fabril y potenciando la actividad de las antiguas calles industriales.

La propuesta parte de la voluntad manifiesta de abordar toda intervención en el patrimonio arquitectónico desde el respeto hacia los rasgos tipológicos originales y, al mismo tiempo, desde su condición reversible. Así pues, se decide ubicar, por un lado, el programa de menor dimensión y mayor repetición en la planta baja, ya que la estructura de pilares existente, densa y modular, permite una mejor adaptación. Por otra parte, se ubican los espacios de mayor dimensión en planta primera, ya que la sus estructuras cerchas permiten disponer de espacios más diáfanos para la actividad requerida. La propuesta ofrece en todo momento, una lectura clara y diferenciada entre la arquitectura industrial preexistente y la implantación de los nuevos usos.

Para dar cabida a todo el programa y aprovechar la gran altura disponible de la planta baja, se construye un cuerpo central con dos niveles que, a modo de «gran mueble», permite alojar el aulario y la zona de administración del escuela. La situación estratégica de este mueble, permite ordenar sus espacios circundantes, como la recepción, la mediateca y las taquillas de alumnos. La permeabilidad del mismo, en su centro y extremos, así como entre plantas, ofrece múltiples espacios de encuentro y recorridos alternativos para los usuarios del centro. La introspección del nivel del aulario, contrasta con la zona de administración, en el entresuelo, completamente abierta al exterior con vistas hacia la Gran Vía y el parque de Can Batlló.

En el primer piso del edificio, otro mueble lineal situado a lo largo de la primera crujía libera un generoso espacio de distribución que, por sus medidas, permite ser utilizado para diversas actividades del centro: foyer de la sala de actos, espacio de trabajo de los alumnos o espacio para exposiciones. Este acoge los estudios de radio, salas de ensayos, camerinos y estudios de fotografía. Al atravesar este mueble, se accede a la segunda crujía de la nave donde se ubican los espacios que requieren de grandes luces estructurales, así como de una absoluta estanqueidad lumínica y acústica, los espacios de actos y de grabación audiovisual.

El proyecto preserva y enfatiza los rasgos tipológicos de la arquitectura industrial existente: orden, repetición y simplicidad estructural. Por este motivo se trabaja con un sistema estructural seriado de costillas de madera, que ofrece la máxima transparencia frontal de los nuevos cuerpos interiores y al mismo tiempo garantiza una total privacidad de sus actividades desde una visión distante.

El cuerpo lateral adosado a las naves, se preserva y aloja el vestíbulo principal, los núcleos de comunicaciones verticales, los baños, así como todos los espacios para instalaciones. Dada la dimensión del edificio, se ubican, en sus extremos, dos escalas adicionales, que funcionan ordinariamente como escaleras de comunicación entre plantas, así como para acceder a la cubierta para el mantenimiento de las instalaciones.

La voluntad de comunicar la vida del edificio también determina el tratamiento exterior de las fachadas, que permiten leer en todo momento las diferentes etapas de construcción y reforma de la nave. Se recuperan los elemento deteriorados y rotos de la misma, y ​​se ciegan las aberturas de la planta primera, expresando en el exterior del edificio la implantación de los nuevos usos. La gran visibilidad de la cubierta de la nave desde la Gran Vía, desencadena una actuación que enfatiza su condición de «quinta fachada». Por este motivo, y de forma análoga a otros equipamientos públicos de la ciudad coetáneos a la construcción de la fábrica como mercados, hospitales o escuelas, se propone una cubierta ligera ornamentada que integra una colección de lucernarios que mejoran las condiciones de iluminación natural del espacio vestibular de planta primera.

La apertura a la Gran Vía se completa con un talud ajardinado, con un arbolado caducifolio que contribuye a la regulación natural de la incidencia solar directa en el interior del edificio según la estación del año.